Despedida…
Su mirada atravesó mi corazón, como el agua hiende la piedra: constante y silenciosa. Me contemplaba, con todo su ser, su cuerpo entero me miraba. Y sus pupilas mordían las mías, sus labios, hundidos por perlas blancas en muda confidencia, decían que me amaba. Se me acercaba con la piel desnuda y su hermosa cabellera me miraba, al danzar con el viento y la lluvia, en primavera. Sus brazos y sus manos también se juntaron, y me miraron. Y como alas, volaron hacia mí y me envolvieron en un abrazo: cálido y tierno. Y me mimaron, y me dijeron en un susurro: “te quiero”. Quédate conmigo le dije y dijo no. Solo pasaba para decirte. Adiós. Apolo • 1122 • RD Copyright © Todos los derechos reservados.